La Santa Misa

Rito Tradicional,
Forma extraordinadia,
Misa Tridentina

“Las acciones externas son signos
de reverencia interna”

 

Hoy llamada “Forma Extraordinaria” del Rito Romano, es la forma tradicional de la Santa Misa, celebrada en la Iglesia Católica, desde los primeros siglos hasta el día de hoy.
Codificada en forma definitiva por San Pío V en 1570, es, por ende, el patrimonio litúrgico que formó la espiritualidad de los santos y nuestros antepasados. Es decir, NO FUE la invención de un nuevo rito sino la homogeneización del que desde Siglo IV ya llevaba celebrándose y que continua hasta nuestros días.

Nunca fue prohibida
El Concilio Vaticano II nunca prohibió esta forma del rito.
El mismo concilio estipula en su constitución  Sacrosantum Concilium que debe conservarse el latín, el canto gregoriano, el uso del órgano como instrumento predilecto. Incluso el Papa Juan XXIII escribió la constitución apostólica Veterum Sapientia, realizada precisamente para la promoción, estudio y conservación del latín.

 

¿Pero qué es la Santa Misa?

La Santa Misa es el mismo Sacrificio que se ofreció en la Cruz, aunque renovado de manera incruenta; y no sólo una conmemoración de dicho Sacrificio. La razón de ello es que una misma es la Víctima, Jesucristo, que se ofreció cruentamente en la Cruz y sigue ofreciéndose ahora incruentamente en la Misa; y porque uno mismo es también el Sacerdote, Jesucristo, del cual el ministro no es más que el instrumento, puesto que actúa, no en su nombre propio, sino representando a Cristo.

La Santa Misa es un sacrificio, no sólo de alabanza y acción de gracias, sino también propiciatorio (Dz. 940 y 950), por el cual Dios se muestra aplacado y benigno con nosotros. Por eso, si con corazón puro, fe viva y verdadero arrepentimiento de los pecados, se ofrece este sacrificio, se obtiene de Dios misericordia y gracia en el tiempo oportuno (Heb. 4: 16.), pues nos aplica los frutos de la Pasión sangrienta de Jesucristo, y Dios Padre, en atención a él, nos comunica los dones de gracia y de penitencia, y nos perdona los pecados.

Este Sacrificio de la Misa aprovecha, no sólo al que lo celebra, sino a todos los vivos, y también a todos los difuntos, esto es, a aquellos que, habiendo muerto en el Señor, aún no se han purificado enteramente de sus pecados. (Catecismo de Trento).

En la Misa, Cristo nos dio el más perfecto de los sacrificios. Es el sacrificio sin dolor, perpetuo, de la Nueva Alianza. La noche antes de su muerte, Jesucristo ordenó que el sacrificio que Él iba a ofrecer en la cruz siguiera siendo ofrecido por nosotros. En la Misa ofrecemos de nuevo a nuestro Señor Jesucristo, y junto con Él, nos ofrecemos nosotros mismos a Dios. La Iglesia ha establecido reglas muy detalladas respecto al modo de celebrarla. Estas reglas poseen un profundo significado. Su propósito es ayudarnos a comprender lo que está haciendo el sacerdote en el altar y unirnos más con Cristo, participando en su vida divina de la gracia.

¿Esto puede cambiar?
No, porque han sido definidas por la Iglesia de manera irreformable. Serán tan verdaderas siempre, como 2 más 2 hacen 4, por todos los siglos. La certeza de la Fe está basada sobre la autoridad de Dios que revela; es una certeza absoluta, inmutable.

¿Por qué celebramos la Santa Misa?

“Estando nuestro Salvador para partirse de este mundo a su Padre, instituyó este Sacramento, en el cual como que derramó las riquezas de su divino amor para con los hombres, dejándonos un monumento de sus maravillas, y mandándonos que al recibirle recordásemos con veneración su memoria, y anunciásemos su muerte hasta tanto que él mismo ‘vuelva a juzgar al mundo. Quiso además que se recibiese este Sacramento como un manjar espiritual de las almas, con el que se alimenten y conforten los que viven por la vida del mismo Jesucristo, que dijo: Quien me come, vivirá por mí; y como un antídoto con que nos librásemos de las culpas veniales, y nos preservemos de las mortales. Quiso también que fuese este Sacramento una prenda de nuestra futura gloria y perpetua felicidad, y consiguientemente un símbolo o significación de aquel único cuerpo, cuya cabeza es él mismo, y al que quiso estuviésemos unidos estrechamente como miembros, por medio de la segurísima unión de la fe, la esperanza y la caridad, para que todos confesásemos una misma cosa, y no hubiese cismas entre nosotros”. Cap. II, ses. XIII de Eucharist. Conc. Trident. Celebrada en el día 11 de octubre de 1551.

¿Qué dice las Sagradas Escrituras?

“…beberán su sangre como vino, rebosarán como copas, como los bordes del altar. Aquel día, el Señor, su Dios, los salvará, salvará a su pueblo como a un rebaño…” (Zac 9: 15).

“El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré del maná escondido; le daré también una piedrecita blanca, y escrito en la piedrecita un nombre nuevo, que nadie conoce sino el que lo recibe” (Apo 2: 17).

Porque Nuestro Señor así lo ordenó “hagan esto en memoria mía”.
(1 Cor 11: 24; Lc 22: 19).

Jesús quiso dejar a la Iglesia un sacramento que perpetuase el sacrificio de su muerte en la cruz. Por esto, antes de comenzar su pasión, reunido con sus apóstoles en la última cena, instituyó el sacramento de la Eucaristía.

“Yo soy el pan de vida. Sus padres comieron en el desierto el maná y murieron. Éste es el pan que baja del cielo, para que si alguien lo come no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguno come este pan vivirá eternamente”(Jn 6: 48-51).

“— En verdad, en verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes.  El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Igual que el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo, no como el que comieron los padres y murieron: quien come este pan vivirá eternamente. Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Cafarnaún. (Jn 6: 55-59).